Yo me quedo en casa

Walt Whitman o el derroche sin desdén

"Desconocido, si al pasar, quieres hablarme, ¿por qué no has de hacerlo? Y, ¿por qué no te hablaría yo?"

W.W.

Publicado: 2013-05-31

Whitman (31 de mayo, 1819 – 26 de marzo, 1892) es el derroche, es el movimiento incesante de construcción. Otros poetas derrochan, pero la hiperverbalidad de Hojas de hierba, opuesto a una hipoverbalidad como la de su contemporánea y colega Emily Dickinson, es celebratoria, catálogo de mundo, egotélico, de métrica no calculada (¿libre?). 

Muchos de sus textos representan a la misma sociedad estadounidense y además lo que el mundo ofrece, teñidos de un particular entusiasmo que  alimenta y confirma las energías de la que todo está hecho. Su "Canto a mí mismo"  implica una trascendecia del yo poético en pos de ello.

Quizá sea entusiasmo una palabra clave para ser empático con Whitman, si es que eso es posible para comprenderlo. Es Apolo y Dionisio vertebrados entre sí, su obra y el mito de su biografía.

"Victoria, unión, fe, identidad, tiempo

Los lazos indisolubles, riquezas, misterios,

Progreso eterno, el cosmos, y las modernas invenciones.

Esta es la vida.

He aquí lo que ha subido a la superficie luego de tantos

Tormentos y convulsiones

¡Cuánta curiosidad! ¡Cuánta realidad!

Bajo mis plantas el suelo divino, sobre mi cabeza el sol."


De temple asistemático, al igual que su amigo Emerson, para derramar su visión divina no manida, cuasipantéica, de la naturaleza -¿habrá un poeta sistemático? ¿T.S. Eliot?-.

La totalidad (el "wholeness" emersionano) es un asunto en Walt que necesita manifestarse, y lo logra a través de distintos intentos de personaje y locutor: la representación del vagabundo y errante frente al mundo, el que se encuentra fascinado frente de los paisajes, y el que mira y también participa con esperanza en el trabajo y las labores de las personas que construyen la nueva sociedad industrial y democrática estadounidense, como el armado con pequeñas piezas de un enorme rostro.

El epígono del modernismo latinoamericano, Rubén Darío, empieza su soneto titulado con el nombre del poeta norteamericano así, en su texto Azul:

"En su país de hierro vive el gran viejo,

Bello como un patriarca, sereno y santo.

Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo

Algo que impera y vence con noble encanto. "

El representante de la literatura que hace preguntas dejando muy poco espacio para las respuestas, Jorge Luis Borges, dijo sobre él: "Para un verdadero poeta, cada momento de la vida, cada hecho, debería ser poético, ya que profundamente lo es. Que yo sepa, nadie ha alcanzado hasta hoy esa alta vigilia. Browning y Blake se acercaron más que otro alguno; Whitman se lo propuso, pero sus deliberadas enumeraciones no siempre pasan de catálogos insensibles". Entre el amor y el odio hay solo prosa.

El académico de vena ódica, Harold Bloom, afirmó: "A ese genio le daría un solo nombre: Walt Whitman. Tanto en su persona como en su máscara, es decir, su otra persona. En el Nuevo Mundo ha habido literatura occidental desde hace ya cuatro siglos, y si echásemos una ojeada a todo lo que se ha escrito en francés, en el Canadá francófono, en portugués en Brasil, en español, tanto en el Caribe como en México, y en toda Latinoamérica, así como en otras lenguas, incluido el yídish, y por supuesto en inglés, superando incluso a William Faulkner, a Herman Melville y a Henry James, no se me ocurre un escritor en ninguna de esas lenguas que alcance la originalidad de Walt Whitman".

Neruda resalta en una sección de su poema "Oda a Walt Whitman" algo que ha sido uno de los indicios de la autenticidad de una obra poética...

"Pero no sólo

tierra

sacó a la luz

tu pala;

desenterraste

al hombre,

y el

esclavo

humillado

contigo, balanceando

la negra dignidad de su estatura,

caminó conquistando

la alegría"

..., haber cogido lo que otros no cogieron en su repertorio sensible.


Escrito por

Daniel Ávila

avilamonroydaniel@gmail.com


Publicado en

Columnas de opinión

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